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  • Foto del escritorMonica Valencia

Consentimiento: la importancia de los limites en las relaciones

Estadísticas del Ministerio Público panameño indican que en el mes de enero de 2022 hubo 472 denuncias por delitos contra la libertad e integridad sexual. Se trata, en promedio, de un poco más de 15 casos diarios. Es importante resaltar que 2 de cada 3 casos de agresión sexual no son reportados.


Del total de los casos que llegaron a conocimiento de las autoridades, 170 fueron por violación, 27 por violación doblemente agravada, 173 casos por acceso sexual con una persona mayor de catorce años y menor de dieciocho, 66 por actos libidinosos y dos por acoso sexual. Estos casos aumentaron un 13% comparado con el 2021.


Las estadísticas norteamericanas también son alarmantes. Aproximadamente 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 13 niños experimentan abuso sexual. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Estudiantil (NSSS) de 2021, durante la etapa universitaria, uno de cada tres universitarios (30,6%) sufre agresión sexual al menos una vez en su vida.


Con estos porcentajes es evidente la necesidad de una educación sexual que abarque claramente el tema del consentimiento, que únicamente ocurre cuando todas las personas involucradas en una actividad sexual aceptan participar por elección. También es fundamental que tengan la libertad y la capacidad para tomar esa decisión


Generalmente la primera vez que un joven escucha sobre el tema del consentimiento, es después de haber sido afectado por la violencia sexual o cuando alguien se ha sobrepasado con ellos.

Por ello, tener claridad sobre lo que significa el consentimiento y contar con las herramientas que permitan reconocer, respetar y establecer límites, es vital para que las personas puedan navegar por las relaciones de forma saludable.


Se requiere que reciban una educación que incluya el derecho a decidir si se quiere estar o no en una interacción sexual, así como las técnicas para actuar cuando esa situación ocurre. Urge empoderar a las personas, así como promover el respeto y la construcción de un espacio mental donde se pueda examinar si se sienten cómodos o no en esta o aquella situación. Es decir, tal vez una persona quiere solo un beso pero no quiere que la o lo toquen en ningún otro lugar, y esa decisión debe ser validada y acatada.


Hay que enseñar a nuestros hijos que hay partes de su cuerpo que nadie puede tocar, salvo situaciones excepcionales con sus padres o personal médico. Muchos de los abusos sexuales se producen en el entorno familiar o por personas cercanas debido a la confianza que esta cercanía produce, así como por el desconocimiento del menor sobre los límites que puede y debe poner a esa cercanía.


También hay que asegurarles que pueden contar lo que les ha pasado sin temor a ser castigados.

En los raros casos donde se imparten clases de educación sexual, suelen limitarse a explicar los diferentes métodos anticonceptivos, dejando de lado las necesarias herramientas que deben tener los jóvenes para que puedan protegerse física y psicológicamente.


Por ello, es necesario promover una salud sexual que permita a las personas sentir que tienen derecho sobre su propio cuerpo, sin tener miedo a que sus límites no sean validados. Tampoco debe preocuparles que la imagen que otros tienen de ella o él pueda ser impactada negativamente.


En el mundo en que vivimos, pareciera que buscamos la constante validación de otros. Y no solo se trata de nuestra imagen física, sino también ser aceptados como parte del grupo (“ser cool”). Eso ocasiona una dificultad para poner límites en el terreno sexual, al provocar miedo de ser rotulada como anticuada, tonta, etc.


Frecuentemente los abusos y violaciones se producen en lugares públicos. No es poco común que se den en los estacionamientos o en lugares específicos en las fiestas donde otros observan.

La educación sexual, aunque insuficiente, se da en algunas escuelas, especialmente en las privadas, y la necesidad de impartirla en el sistema público ha provocado mucha polémica en el país. Pero en el mejor de los casos, solo se le enseña a los niños de dónde venimos.

Si bien es cierto que ese material debe ser enseñado de acuerdo con la edad y a medida que el niño o niña pueda manejarlo, también es cierto que la formación en esta materia se queda corta y, en consecuencia, no guiamos a los jóvenes para el momento en que den inicio a su vida sexual.


Los que están contra la educación sexual alegan que es contraproducente dar información de naturaleza sexual a niños o jóvenes inocentes, olvidándose que a través de las redes sociales y la relaciones con sus pares escuchan sobre el tema desde muy temprano. Al cerrarnos lo ojos ante este problema, perdemos la oportunidad de apoyar la implementación de practicas sexuales más responsables que tomen en cuenta la salud física y emocional de la propia persona y también de la contraparte.


Es fundamental explicar la importancia de identificar en todo momento cómo nos sentimos y como el otro se siente. Eso es importante al momento de tener cualquier tipo de relación, incluso en el caso de un acercamiento sexual. Es común que los jóvenes piensen que si preguntan “¿puedo besarte? o ¿quieres hacer esto o aquello?” van a romper el “mood” ( la onda). El afán por mantener una imagen lleva a descuidar el mundo interno.


Es imprescindible que la otra persona implicada en la interacción sexual esté de acuerdo. Es decir, debe tener la libertad y la posibilidad de elegir. Si uno de los miembros ha tomado de más, su capacidad de pensar y expresarse esta disminuida, por lo que el contacto no debe continuar.

Además si la persona esta inconsciente o dormida, iniciar un acto sexual es una agresión, aunque la persona minutos antes haya dicho que si quería entablar una actividad sexual. Si la persona está en silencio y no logra verbalizar si quiere o no continuar, la actividad sexual debe ser interrumpida inmediatamente.


¡No es no! Llama la atención la dificultad de poner limites en situaciones como esta. “Quizás en otro momento… no me provoca… esperemos”, son formas en la que uno de los participantes le está diciendo al otro que no desea continuar.

Para que se produzca una aprobación del acercamiento sexual, es necesario que la persona esté sobria, tenga capacidad de ejercer su voluntad, no se sienta coaccionado(a), este entusiasmada(o) con el contacto sexual, pueda hablar honestamente sobre lo que le gusta y qué no quiere hacer.


Consentir y preguntar por consentimiento es poner límites y respetar los derechos propios y del otro. La actividad sexual sin consentimiento es una agresión sexual.

Uno de los mitos que se mantienen es vincular la relación sexual a la forma de vestir. Se piensa que una persona que se viste de forma provocativa, está proclamando que quiere tener sexo. Pero lo cierto es que la forma de vestir no determina si la persona está interesada o no en tener un acercamiento sexual.


“No se si quiero….no estoy seguro (a)….cambie de idea….quiero parar… no lo estoy disfrutando.. estoy borracha(o)”. Todas estas frases son indicaciones de que no es un buen momento para seguir con la interacción sexual.


Es crucial darle herramientas a los jóvenes para poder decir que no, para escuchar al otro y reconocer cuándo se debe establecer o interrumpir el contacto sexual.


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